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¡La Venezuela de la justicia la construimos todos!

Fredderi Moreno: Ni el ahora ni el antes, EL MAÑANA

Mérida, 03 de marzo de 2018.- No hay más nada más tentador que añorar la situación anterior a la catástrofe, cuando se está sufriendo esta, la habilidad de manipular los recuerdos, nos permite crear un falso consuelo. La Venezuela de hoy poco se parece a la otrora “pequeña Venecia” pujante paraíso para los propios y emigrantes movilizados por el sin fin de males sociales que los aquejaban en sus países de origen, y aunque cada vez se ve más próximo el fin de las desgracias socialistas en nuestra nación caribeña y suramericana sería ingenuo y por demás errado pretender regresar a la situación previa al año 1998, pues sería igual a negar todo el aprendizaje obtenido en estos años, equivalente a pretender vivir la vida adulta obviando la adolescencia. Sería intentar reiniciar todo ese sueño de antipolítica, de antisistema, de utopía que nos trajo a la pesadilla totalitarista que creó un para Estado que desgobernó mientras ha repartido revancha y persecución por la justicia social esperada.

Sería volver a comenzar negando la causalidad y así obviando que la desdichada revolución socialista y bolivariana fue antecedida por un gobierno de “convergencia” de partidos (antipartidos) y política (antipolítica) de izquierda medio anarquista … y antes, por el sistema bipartidista de inclinación de centro izquierda, en consecuencia, procurar volver al “antes de” sería (a mí entender) intentar comenzar, una vez más, con el caldo de cultivo perfecto para las desgracias sociales (ya vividas) por los que huyen del país (y por los que aún quedan). En resumen y atendiendo al rigor científico, es importante entender que las tragedias como cualquier situación, son tales, porque hubo unas causas que las originaron y sería absurdo volver al origen pretendiendo consecuencias distintas y olvidando los ya conocidos efectos

Una vez expuesto, el ya reiterado punto anterior, puede darse un aporte al gran trabajo que deberán realizar los mejores ciudadanos de la República, acompañado de los técnicos más competentes, que en conjunto han de ser los diseñadores del que debe ser un país de reencuentro, reencuentro entre los que piensan distinto, reencuentro entre los que están y los que volverán, reencuentro entre los que perdieron y los que arrebataron, reencuentro entre los que gritaron y los que callaron … un difícil proceso de reencuentro, pero debe ser!

Para que una propuesta tenga oportunidad (real) de aceptación y desarrollo en una sociedad que apenas se sacudirá la visión colectivista (y todo el rencor y la desolación que trae la imposición de esta), requiere especial atención a la realidad social, a los elementos y características más esenciales de la misma colectividad, entonces es lógico y necesario que la política a poner en práctica se identifique con la idiosincrasia de la población, con sus costumbres, con sus creencias, no con intensión de establecerse como una ideología suprema sino con el propósito de integrar las necesidades y expectativas de la misma comunidad a las políticas públicas para el de desarrollo de un bien común superior, con progreso, en paz, con justicia y seguridad. De allí que el humanismo se presenta como la mejor opción, pues es el ser humano el centro mismo de esta posición política (sí, política). Naturalmente, al atender a la persona, se comprenden sus expectativas y será más fácil proponer opciones para alcanzar la satisfacción de las necesidades y la plenitud que anhela el hombre en sociedad.

Por ello que siendo la sociedad venezolana fundamentalmente monoteísta y tradicionalmente cristiana, mayoritariamente católica, es comprensible la inclinación al Estado social benefactor, cuestión explotada mal intencionadamente por el populismo (de antes y de hoy), en el exceso del paternalismo gubernamental, generando confusión entre los bienes públicos y los del partido de gobierno y sus representantes, entre el Estado y el gobierno, entre justicia y caridad, entre los ciudadanos y mendigos, cuestiones a las que hay que atender, pero no copiar, porque debemos construir un nuevo proyecto de país que nos integre a TODOS, para ello debemos abandonar los antiguos modelos, pensar en el mañana y ya no en el hoy ni en el ayer.

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