Edinson Ferrer Arteaga: El 22 de octubre y el valor de los partidos políticos

La historia de quienes hicieron posibles las primarias y el papel de los partidos en la construcción de la democracia que Venezuela necesita.
Caracas, 20 de octubre de 2026.- «Todos son iguales», «solo piensan en ellos», «no hacen nada por el país». Son expresiones que escuchamos con frecuencia cuando se habla de los partidos políticos. Y aunque es comprensible que existan razones para la decepción, también vale la pena detenernos a reflexionar sobre algo que muchas veces olvidamos. Detrás de cada partido político hay mucho más que unas siglas, una dirección nacional o sus dirigentes más conocidos. Hay personas con una historia de esfuerzos compartidos por construir un país mejor.
A quienes militan en los partidos también se les va la luz, les falta el agua, les preocupa que el dinero no alcance y conocen el dolor de tener a sus seres queridos lejos. Son ciudadanos que enfrentan las mismas dificultades que millones de venezolanos, pero que, después de cumplir con sus trabajos y atender a sus familias, encuentran tiempo para reunirse con sus vecinos, organizar sus comunidades y trabajar por una causa que consideran justa.
Conocer esa realidad es importante para comprender el verdadero valor de los partidos políticos. Porque, más allá de sus dirigentes y posiciones públicas, estas organizaciones están integradas por seres humanos que han decidido convertir sus preocupaciones por el país en una forma de participación y servicio.
Al cumplirse tres años de las elecciones primarias del 22 de octubre de 2023, recordamos las largas filas de ciudadanos, la emoción de aquella jornada y la contundente decisión de quienes acudieron a las urnas para elegir a María Corina Machado como candidata presidencial.
Pero quienes tuvimos la responsabilidad de contribuir a su organización, también recordamos otra historia: los meses de reuniones, las madrugadas interminables, las llamadas a las regiones, los recorridos por las comunidades y los innumerables problemas que debieron resolverse para que millones de voluntades pudieran expresarse a través del voto.
Aquella jornada fue, sin duda, una extraordinaria conquista ciudadana. Pero también fue posible gracias a una decisión política y a un inmenso esfuerzo organizativo en el que los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática desempeñaron un papel fundamental.
Cuando los partidos ponen al país por encima de sus intereses
Las primarias comenzaron con una decisión trascendental: los partidos de la Plataforma Unitaria acordaron que fueran los ciudadanos quienes escogieran, mediante el voto, una candidatura presidencial común. Detrás de esa determinación hubo un complejo proceso de negociación para establecer las reglas, definir las condiciones de participación, construir garantías y generar la confianza necesaria para que todos reconocieran los resultados.
Tuve la oportunidad de participar en muchas de aquellas conversaciones. Recuerdo diferencias legítimas, preocupaciones y momentos difíciles. Pero también recuerdo la disposición de encontrar soluciones y construir acuerdos, aun cuando estos no siempre favorecieran las aspiraciones particulares de cada organización.
Uno de los mayores ejemplos de esa responsabilidad fue garantizar la participación de María Corina Machado, quien, sin formar parte de la Plataforma Unitaria, contaba con un importante respaldo ciudadano.
Este episodio deja una enseñanza que merece permanecer en nuestra memoria política: los partidos también fortalecen la democracia cuando son capaces de construir acuerdos, reconocer liderazgos que surgen fuera de sus organizaciones y colocar el interés nacional por encima de sus aspiraciones particulares.
De los acuerdos políticos a las mesas de votación
La conformación de una Comisión Nacional de Primaria independiente, presidida por Jesús María Casal, fue fundamental para generar confianza y garantizar la conducción autónoma del proceso. Pero después de establecer las reglas y conformar las instancias electorales comenzaba otro desafío: convertir una decisión política nacional en una elección que pudiera realizarse en miles de comunidades.
Había que identificar espacios para votar, organizar centros electorales, designar y formar miembros de mesa, coordinar voluntarios, distribuir materiales y resolver innumerables dificultades logísticas. Todo ello en condiciones extraordinariamente complejas y sin contar con la estructura operativa del Consejo Nacional Electoral.
Fue entonces cuando cobró especial importancia algo que los partidos políticos han construido durante décadas: su organización territorial y la experiencia de sus dirigentes comunitarios.
Desde la Dirección Operativa de la Plataforma Unitaria pudimos comprobar cómo ese conocimiento del territorio se transformaba en soluciones concretas. Una llamada permitía conseguir un espacio para votar; un dirigente comunitario ayudaba a conformar una mesa; una reunión de vecinos resolvía dificultades que parecían imposibles desde una oficina nacional.
Precisamente allí estuvo una de las mayores fortalezas del proceso: los partidos aportaron su experiencia, sus redes humanas y sus capacidades organizativas, mientras miles de ciudadanos encontraron en ese esfuerzo colectivo una oportunidad para participar en la construcción democrática. Cuando los partidos abren sus puertas a la sociedad y trabajan junto a ella, su capacidad de transformar la realidad se multiplica.
Los rostros que no aparecen en las fotografías
Hay una parte de la historia de nuestros partidos políticos que pocas veces ocupa los titulares. Es la historia de las madres que ayudan a organizar actividades después de dejar a sus hijos en la escuela; de los jóvenes que, al terminar sus clases, recorren sus comunidades convocando a sus vecinos; de los padres que prestan sus vehículos para trasladar materiales; de las familias que convierten sus casas en lugares de encuentro y de los dirigentes que dedican años a mantener viva la organización de sus comunidades.
Son venezolanos que quizás nunca aspiren a un cargo público y cuyos nombres difícilmente serán conocidos fuera de sus municipios o parroquias. Sin embargo, sin ellos sería imposible comprender buena parte de las luchas democráticas que ha vivido nuestro país. Durante la organización de las primarias confirmé una vez más que ninguna planificación nacional, por buena que sea, puede sustituir el compromiso de las personas que conocen su territorio y están dispuestas a trabajar por él.
Esa es una de las mayores riquezas de los partidos políticos: su capacidad de reunir personas distintas alrededor de ideales compartidos, formar liderazgos y construir relaciones de confianza. Por eso, cuando hablamos de partidos políticos, también debemos hablar de esos venezolanos que han hecho de la militancia una manera de servir.
El 22 de octubre nos dejó una enseñanza mayor
El 22 de octubre de 2023 los ciudadanos fueron los grandes protagonistas. Acudieron a votar, expresaron libremente sus preferencias y otorgaron una victoria contundente a María Corina Machado. Pero aquella jornada también nos recordó algo fundamental: los partidos políticos no existen únicamente para presentar candidatos o competir por cargos públicos.
Un partido que cumple verdaderamente su función democrática es mucho más que eso. Es una escuela de ciudadanía, un espacio para formar dirigentes, una organización que escucha y representa distintas aspiraciones sociales y una herramienta que permite transformar las preocupaciones individuales en propuestas y acciones colectivas.
Porque los grandes liderazgos pueden despertar entusiasmo, interpretar el sentimiento de una nación y movilizar voluntades. Pero la construcción de una democracia duradera exige mucho más: instituciones sólidas, reglas respetadas, una sociedad civil activa y partidos políticos capaces de representar ideas, formar ciudadanos, preparar dirigentes y asumir responsabilidades de gobierno.
Los liderazgos pueden impulsar grandes transformaciones, pero son las instituciones, las organizaciones y la participación sostenida de los ciudadanos las que permiten consolidarlas y preservarlas. Por eso, los partidos políticos resultan esenciales no solo para conquistar o recuperar la democracia, sino también para mantenerla, fortalecerla y evitar que vuelva a perderse.
Los partidos que necesitamos también dependen de nosotros
Reconocer el valor de los partidos no significa desconocer sus errores. La crítica ciudadana es legítima y necesaria. Pero también debemos comprender que la solución no puede ser simplemente renunciar a ellos o asumir que todas las organizaciones políticas son irremediablemente iguales.
Los partidos no son realidades ajenas a la sociedad. Son organizaciones humanas y, como tales, reflejan en buena medida los valores, las capacidades, las conductas y el compromiso de quienes las integran.
Por eso estoy convencido de que una de las mejores maneras de contribuir a la renovación de los partidos políticos es lograr que cada vez más personas honestas, preparadas, solidarias y con verdadera vocación de servicio decidan participar en ellos.
Necesitamos que se acerquen más jóvenes con nuevas ideas, profesionales dispuestos a compartir sus conocimientos, dirigentes comunitarios que conozcan las necesidades de sus vecinos, mujeres y hombres comprometidos con el bienestar colectivo y ciudadanos que quieran aportar su experiencia para mejorar la vida de los demás.
Porque mientras mejores sean las personas que integran nuestros partidos mayor será la posibilidad de representar adecuadamente a la sociedad y ejercer el poder con responsabilidad. No se trata solamente de que los ciudadanos necesitemos mejores partidos políticos; se trata también de comprender que los partidos necesitan de más y mejores ciudadanos dispuestos a construirlos.
Una reflexión para la Venezuela que viene
Venezuela necesitará mucho más que una transición política para consolidar una democracia. Necesitará reconstruir instituciones, recuperar la confianza ciudadana, formar nuevos liderazgos y desarrollar una cultura democrática capaz de permanecer más allá de cualquier gobierno o dirigente. Y en esa tarea los partidos políticos tendrán una responsabilidad irremplazable.
De sus filas surgirán muchos de los futuros líderes que tendrán en sus manos decisiones fundamentales para la vida de millones de venezolanos. Pero también surgirán ciudadanos que, sin aspirar jamás a un cargo, encontrarán en la participación política una oportunidad para ayudar a sus comunidades, defender sus derechos y contribuir al bienestar colectivo.
Al recordar el tercer aniversario de las primarias, me gustaría que reconociéramos no solamente la importancia de aquella jornada, sino también a las miles de personas que, desde distintas organizaciones políticas y ciudadanas, hicieron posible que ocurriera. Que ese reconocimiento nos ayude a mirar a los partidos con mayor comprensión, sin dejar de exigirles, pero también con la disposición de involucrarnos en su transformación.
El 22 de octubre nos demostró lo que somos capaces de conseguir cuando organizamos nuestras diferencias alrededor de un propósito común. Que su mayor legado sea recordarnos que todos tenemos un lugar y una responsabilidad en la construcción de la democracia.
Porque las victorias no ocurren, se construyen. ¡Y la democracia que queremos, también!





