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Joel Farías: El petróleo como propulsor de la calidad de vida de los monaguenses

Monagas, 16 de septiembre de 2026.- Hablar de petróleo en Venezuela suele señalar dos imágenes contrapuestas. La añoranza de una bonanza pasada o la frustración por un presente donde el recurso no se traduce en servicios públicos eficientes, combustible accesible ni salarios dignos. Para quienes vivimos en el estado Monagas, puerta de entrada a una de las reservas de hidrocarburos más importantes del planeta, este contraste no es una hipótesis económica. Es la realidad cotidiana que respiramos a diario.

​El debate político actual exige dejar atrás los discursos abstractos sobre la «soberanía energética» y responder a una pregunta muy concreta. ¿Cómo se traduce un barril de petróleo en una mejor calidad de vida para el ciudadano monaguense?

La respuesta no radica en la estatización ciega ni en la entrega sin control, sino en hospitales dotados de medicinas, servicio de agua potable las 24 horas del día, un sistema educativo de primera línea en el que los ciudadanos tengan acceso, modernización de las maquinarias agrícolas en todos sus sectores. El petróleo debe dejar de ser una cifra fiscal, y convertirse en desarrollo palpable en Monagas y en toda Venezuela.

​Convertir el recurso del subsuelo en bienestar, exige capacidad organizativa, visión técnica y una profunda vocación de servicio. La política petrolera no se debe medir por la cantidad de barriles extraídos, sino por la calidad de vida de las familias venezolanas.

​Apostamos al compromiso de construir una alternativa sólida y organizada para el país. Impulsamos una visión donde la riqueza energética vuelva a pertenecer, en hechos y no en palabras, a cada uno de los venezolanos.

Propuestas de Primero Justicia

Nosotros desde Primero Justicia en el estado Monagas, proponemos:

1. Inversión directa en infraestructura crítica regional. Las áreas de extracción e industrialización petrolera deben recibir, por ley, un porcentaje de la regalía destinado exclusivamente al fortalecimiento del sistema eléctrico, el agua potable y la red vial de las zonas de influencia. No hay industria petrolera sostenible con comunidades sin luz ni agua.

2. Transparencia y descentralización del ingreso. El ciudadano tiene derecho a conocer el rendimiento real de los activos energéticos. La creación de fondos de desarrollo local auditables e independientes permitiría financiar proyectos comunitarios, escuelas e infraestructura médica sin la burocracia ni el desvío centralista.

3. Encadenamiento productivo y empleo cualificado: Reorganizar la industria implica impulsar a los proveedores locales y promover la formación técnica de nuestra juventud. El petróleo debe ser la palanca que active el comercio, la agricultura y el sector servicios alrededor del motor energético, multiplicando las oportunidades de empleo formal y bien remunerado.

​El petróleo no puede seguir saliendo de las regiones dejando solo carencias. La verdadera riqueza de la industria debe traducirse en luz, agua, empleo y progreso tangible para la gente que vive en las zonas de extracción.

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